lunes, marzo 27, 2017

Drama y suspenso llegan con «La seguridad interior» que conjuga lo político y lo íntimo en los Martes de Cine Alemán
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A las 19 horas

El equilibrio entre la construcción de una nueva vida y la condena de la clandestinidad que obliga a la soledad absoluta y a sacrificar todos los aspectos de la vida se muestran a través de los ojos de una adolescente en el drama de suspenso “La seguridad interior” que anima los Martes de Cine Alemán, a las 19 horas en la Casa del Arte Diego Rivera.

La producción de 119 minutos tiene como director a Christian Petzold y cuenta con un reparto de actores conformado por Julia Hummer, Barbara Auer, Richy Müller, Bilge Bingül, Gunther Maria Halmer, Bernd Tauber, Manfred Möck.

La emisión llega gracias al convenio entre el Instituto Goethe y la Corporación Cultural para esta función que denota cómo el joven cine alemán de la escuela de Berlín es el más consistente, orgánico y moderno que ha dado Europa en el nuevo siglo. Christian Petzold es un emblema de esta nueva ola

RESEÑA

La seguridad interior comienza como una crónica de adolescencia: un hermoso plano sobre el rostro de Jeanne, en una triste playa portuguesa. El incipiente coqueteo entre la joven y un surfista, todavía con la música de fondo, disimula por un instante el sentimiento de ahogo y desolación, de profundo aburrimiento.

Al rigor de la mirada, el director agrega un perfecto control de la información necesaria para la puesta en movimiento del relato: todo es ambiguo, la anormalidad de la situación se presenta mediante pequeños signos muy sutiles. La clandestinidad no es feliz. Los ideales de antes se transformaron en una rutina cautelosa, en una soledad absoluta, fuera del mundo. El eje de la película es la tremenda dificultad de Jeanne para salir de esa burbuja, para pasar de un margen estoico a una vida normal, paradójicamente, sinónimo de aventura.

La película combina largos momentos de contemplación con secuencias dramáticamente fuertes, como cuando Jeanne se ve obligada a rechazar públicamente a su novio para proteger la fuga de sus padres.

La película consigue variar los registros sin perder su hilo conductor: Jeanne. La película se abre y se vuelve a cerrar sobre su rostro adolescente que permanece suspendido entre el compromiso familiar y la necesidad de libertad, que cada vez es más agobiante.