miércoles, julio 14, 2010

Arriba los corazones
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por Nicole Chaigneau V.
Psicóloga
Universidad San Sebastián


Junto con el término del mundial, podemos revisar los aprendizajes obtenidos durante este proceso, específicamente en relación con la participación de la “Roja” en un evento deportivo internacional.

Los resultados de la delegación chilena nos han mostrado que los éxitos siempre están precedidos por esfuerzo, constancia y dedicación hacia un objetivo desafiante. Este aprendizaje nos ha llevado a conocer la realidad del equipo que nos representó, de su origen esforzado y su espíritu de lucha, que podría resumirse en un encuentro del sentido de sus vidas a partir de la vida futbolística. Ellos nos han permitido ver en concreto qué cambios ocurren cuando las expectativas de funcionamiento y resultados positivos pueden conducir al triunfo. El estar dentro de la nómina de los mejores equipos del mundo, permite reconocer que una vez que la mentalidad, común y comunicada, se propone alcanzar las metas, finalmente se logran los objetivos propuestos.

Este es el comienzo de una nueva valoración del fútbol a nivel nacional. A partir de la disciplina y la orientación adecuada, entregada por un líder que transmite la confianza en la superación y en la victoria, se puede construir una nueva historia. Han aumentado las expectativas de logro de los chilenos respecto a sus jugadores y se ha constatado que pueden competir al mismo nivel que los otros jugadores de países más desarrollados.

La delegación chilena se mostró como un verdadero equipo de trabajo, en donde el líder cumplía un rol facilitador de procesos, que los jugadores podían ejecutar con claridad en la cancha de juego. El líder es esencial a la hora de construir el espíritu deportivo que se sustente en la planificación y organización, además de la transmisión de fuerza, coraje y corazón a la hora de mostrar su desempeño. También se presentan nuevos desafíos, centrados en la creencia de que cada uno de los jugadores tiene que dar lo mejor de sí mismo en un impulso colectivo, más allá de los deseos de triunfo personal, ya que solo la visualización de un bien común o compartido puede expresar la mayor trascendencia de sus capacidades.