martes, septiembre 23, 2014

Doble función de cine trae este miércoles «Las niñas Quispe» y «El verano de los peces voladores»
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Miércoles, desde las 19 horas

Un doble programa de cine con las películas “Las niñas Quispe” y “El verano de los peces voladores” animarán este miércoles desde las 19 horas el Teatro Diego Rivera en una función que se enmarca en el proyecto de la Corporación Cultural de Puerto Montt “Luz, Cámara, Acción”. Entrada liberada.

La iniciativa busca ofrecer un ciclo de cine continuo y talleres formativos para el público –no para realizadores- con el fin de generar una masa crítica, al tiempo de entregar competencias a personas interesadas en las distintas facetas de la producción cinematográfica.

El VERANO DE LOS PECES VOLADORES

Manena, de 16 años, pasa las vacaciones junto a su familia en el fundo que poseen en el sur de Chile. El padre de Manena está obsesionado con exterminar a las Carpas y piensa dinamitar el fondo de la laguna.

Los días de verano transcurren entre risas y fiestas. Teresa, su madre, lee todo el tiempo, mientras los empleados mapuches de la casa se ocupan de limpiar, cocinar y cuidar a los niños que juegan en el bosque en busca de aventuras.

A pesar de lo hermoso del lugar, una tensión creciente en el ambiente reina. Los reiterados cortes de luz de la casa, los animales degollados que encontraron los niños en sus excursiones, asi que otros actos vandálicos causados por desconocidos, parecieran amenazar la tranquilidad de la familia Ovalle. En la casa, a excepción de Manena, nadie parece preocuparse del Conflicto Mapuche que los rodea.​

NIÑAS QUISPE

“Si toda la gente se está yendo es porque algo malo anda pasando”, parece resumir los secretos temores de tres hermanas de la etnia Colla, nacidas y criadas en una localidad del altiplano, que comienzan a recibir -primero como un rumor- una serie de malas noticias, derivaciones del Golpe de Estado de 1973.

Este choque cultural obliga a las tres hermanas Quispe –que sobreviven como pueden en el áspero paisaje del altiplano, con sus cabras, cada vez más aisladas– a replantearse sus vidas. Para quienes no conocen otra cosa, no se trata de un mero traslado, sino de la extinción de todo un modo de existencia: por lo que las invade el terror de verse desprovistas de sus rebaños, debido a la orden oficial de confiscar la masa de ganado de los sectores rurales.

Deciden, en febrero de 1974, suicidarse tras matar a sus animales, tras no comprender las racionalidades del mundo contemporáneo.