jueves, enero 21, 2016

Noche Ranchera busca reconocer al corrido mexicano como parte del folclor nacional
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Festival Sentados Frente al Mar
  • El 3 de febrero es la cita que espera reunir al menos a 7 mil personas al concierto de este estilo musical que suma adeptos y que se renueva en temas y música.
  • Chile Celebra del CNCA consta de más de 350 eventos culturales, deportivos y de servicios repartidos en todo Chile.
El 3 de febrero se inicia el Festival Sentados Frente al Mar con la denominada Noche Ranchera, de la mano de Los reales del Valle, Los Hermanos Bustos y Los Luceros del Valle, satisfaciendo un fuerte anhelo del público por contar con este tipo de música.

La música mexicana explica en muchos de sus códigos el mundo rural. Con ella la gente vive, ríe, sufre, llora. Esta es una realidad en las zonas rurales comprendidas especialmente entre las regiones de O’Higgins y Los Lagos.

¿A qué se debe este fenómeno? ¿Por qué las rancheras y los corridos están tan arraigados en el pueblo, desde hace medio siglo?

La Revolución Mexicana tiene algo que ver. Su historia en gran parte fue cantada y desde 1910, la simpleza de sus letras -pasionales, sencillas y directas- más un ritmo contagioso y alegre, servían de soporte para informar a la población de los progresos y lugares donde se hacía la guerra.

En trenes, en poblados de la costa o del interior, sus cultores convirtieron esta música en el género más importante, un verdadero periódico ambulante, en el que resaltaron corridos a Emiliano Zapata, Benito Juárez y a Pancho Villa.
Y todo eso

EL CINE Y LA MÚSICA

Tras 100 años y a 10 mil kilómetros de distancia, ese ritmo es uno de los favoritos del público rural del sur chileno.

El impacto inicial se produjo con las películas mexicanas que se empezaron a exhibir a principios de los '40. Uno de los primeros éxitos en la pantalla fue “El Peñón de las Ánimas”', protagonizada por María Félix y Jorge Negrete, en 1942.

La música siempre tuvo un papel fundamental en las películas, las cuales surgieron, en su mayoría, de nombres de canciones como “Jalisco no te Rajes”, “Solamente una vez” o “Allá en el Rancho Grande”, en las que la temática, simplona, sólo era un pretexto para que el protagonista cantara (y conquistara) a su amada con melodías.

La imagen que quedó del charro, popularizada por Tito Guizar, Agustín Lara o Emilio Fernández, fue la de un tipo garboso en sus continuos líos amorosos, borracho, pendenciero, jugador, romántico, valiente y leal.

Las principales consecuencias de esta primera etapa fueron la consolidación de la ranchera y la introducción, en nuestro lenguaje, de frases y vocablos mexicanos.

CHARROS CRIOLLOS

Los parecidos entre mexicanos y chilenos gustaron en la gente. El duro trabajo del campo, por un lado, la soledad y el gusto por las mujeres y el vino, por otro, fueron los ingredientes básicos para una identificación casi total.

Los corridos hicieron que en el campo y en sectores pobres el gusto por la música diera un giro y se consolidara en lo charro.

Mientras el hombre se ve reflejado en el “macho” mexicano, la mujer encuentra su símil en lo abnegada y sufrida que es su similar de México, explicó el antropólogo Patricio Álvarez.

NEO FOLCLOR

En la transfusión cultural, otra consecuencia directa, por la difusión, es la folclorización de la ranchera.

“Una música es folclórica cuando permanece en las comunidades durante 50 años y toma la idiosincrasia o la impronta de ese pueblo en un trabajo espontáneo, anónimo y colectivo. El corrido está en proceso de folclorización”, opinó la Premio Nacional de Artes Musicales 1994, Margot Loyola en una entrevista para El Mercurio en 1996.

Mientras, el antropólogo y folclorista Julio Mariángel no duda al afirmar que el corrido es parte de nuestra raigambre musical, tan chileno como la cueca, las empanadas y el vino tinto.

La tendencia de compositores, grupos y solistas chilenos es que no repiten letras foráneas, sino que adecuan la realidad nacional para armar sus temas.

Aparte de la mítica Guadalupe del Carmen, Palmenia Pizarro o los Luceros del Valle, que han expresado sus vivencias con corridos en vez de cuecas, surge una generación de nuevos intérpretes, como Los Reales del Valle, Los Charros de Lumaco o el Charro Santana.

Festivales que son verdaderas fiestas populares, como el de Chanco (Región del Maule) reúnen exponentes de lo ranchero y sirven de cuna para nuevas figuras.

CUECA: FOLCLOR EN MÉXICO

Pero, si alguien pudiese pensar que estos sentimientos son muy poco patriotas, en México sucede algo similar con la cueca.
Todo comenzó cuando alrededor de 1865 un grupo de nacionales se dirigía a California a buscar oro. Naufragaron y se quedaron en Guerrero (cuya ciudad más importante es Acapulco, 411 kilómetros al suroeste de Ciudad de México), donde por las noches tocaban cuecas añorando la patria. La gente oriunda tomó la inspiración de la nueva melodía e inventó un baile regional, llamado ‘chilena’, de amplia raigambre en la gente”.

El antropólogo y ex director regional (México, D.F.) de la Dirección Nacional de Culturas Populares de ese país, José Mac Gregor, afirmó que “es algo maravilloso, rítmicamente es muy similar a la cueca, pero es más zapateada, la pareja es más agresiva en el cortejo y los contenidos se refieren a la realidad de Guerrero”, añade.

El personero agrega que esta modalidad musical también se trasladó al Estado de Oaxaca (485 kilómetros al suroeste de Ciudad de México), donde se encuentra la presencia de esta cueca charra.

Otro antropólogo y colaborador de dicha unidad, Armando Chacha, afirma que a los cultores de este género se les conoce como “chileneros” y algunos de los más conocidos son Baltazar Velasco y Chanta Vielma. Incluso, el Ballet Folclórico Nacional de México la incorporó a su repertorio oficial.