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«Cilantrito», el vendedor de Puerto Montt que arriesga la cárcel por vender lo que él mismo cultiva

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Luis «Cilantrito» Mora, adulto mayor con el 80% de su visión perdida, lleva 26 años vendiendo verduras en el centro de Puerto Montt. Las multas por comercio ambulante se acumulan y las redes sociales se han volcado en su defensa.

En el centro de Puerto Montt, entre el bullicio de las calles y el paso apurado de los transeúntes, hay una figura que la comunidad reconoce desde hace más de un cuarto de siglo. Se trata de Luis Mora, conocido cariñosamente como “Cilantrito”, un adulto mayor que ha dedicado 26 años de su vida a vender verduras —cilantro, principalmente— en las calles de la capital regional de Los Lagos.

Su situación ha generado indignación masiva en redes sociales durante los últimos días, luego de que se conociera que las autoridades municipales lo han multado en reiteradas ocasiones por ejercer el comercio ambulante, una actividad que, si bien es informal desde el punto de vista legal, constituye su único sustento y se basa en productos que él mismo cultiva.

Un hombre que ve apenas un 20%

Luis Mora enfrenta su realidad laboral con una dificultad adicional: tiene el 80% de su visión perdida. A sus años y con esa condición, salir a vender sus productos no es una opción vocacional, sino una necesidad de supervivencia. Según relató en un reportaje televisivo, ha sido multado en diversas ocasiones por Carabineros e inspectores municipales, y denunció haber sido engañado por funcionarios del municipio.

“El 30 de diciembre vinieron a autorizarme, me dijeron: ‘Don Luis, de hoy día en adelante usted está autorizado, no lo va a molestar nadie más’. Mentira”, declaró Mora.

La ordenanza que no distingue

El origen de los problemas de “Cilantrito” es una ordenanza municipal dictada en 2025 que buscó combatir el comercio informal en Puerto Montt. Según explicó Soledad Escobar, directora de Seguridad Pública del municipio, la normativa actual no contempla excepciones para adultos mayores, aunque reconoció que el concejo evaluará posibles modificaciones.

La situación legal de Mora es compleja. Si bien el comercio ambulante sin permiso municipal constituye una infracción, las sanciones pueden escalar considerablemente. De acuerdo con la normativa vigente, el comercio clandestino arriesga multas que van desde 1 hasta 10 unidades tributarias anuales, y penas de presidio o relegación menores que pueden ir desde 61 días hasta 5 años. En caso de reincidencia, la pena puede alcanzar desde 541 días hasta 5 años.

Productos propios y patrimonio vivo

A pesar de la ilegalidad formal de su actividad, quienes defienden a Mora destacan un elemento que las autoridades no han considerado: vende productos que él mismo produce. No se trata de mercancía comprada a terceros o importada sin control, sino del fruto de su propio trabajo agrícola, comercializado directamente al consumidor.

Organizaciones y usuarios en redes sociales han planteado que figuras como “Cilantrito” podrían ser consideradas expresiones de patrimonio vivo o “Tesoros Humanos Vivos”, una distinción que el Estado de Chile entrega a personas que representan y mantienen vivas tradiciones que dan identidad a los territorios. Este reconocimiento, otorgado por el Ministerio de las Culturas a través del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, busca precisamente valorar el aporte de cultores y personas que sostienen prácticas arraigadas en sus comunidades.

Reacciones en redes sociales

El caso ha provocado una ola de solidaridad en plataformas digitales, donde usuarios han expresado su indignación con etiquetas como #JusticiaParaDonLuis y #JusticiaSocial. Las críticas apuntan a la falta de sensibilidad de las autoridades frente a adultos mayores que, con pensiones bajas y condiciones de salud precarias, recurren al comercio informal como única alternativa de subsistencia.

La situación de “Cilantrito” refleja una tensión más amplia en Puerto Montt, donde existen 18 ferias libres que concentran a unas 6.000 personas dedicadas al comercio. El municipio ha iniciado un catastro para avanzar en la formalización de estos vendedores, aunque, por ahora, casos como el de Luis Mora siguen en un limbo entre la necesidad, la ley y el reconocimiento comunitario.