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Del anime al K-pop: especialistas U. de Chile analizan el creciente interés por las culturas japonesa y coreana

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La movilización de seguidores de BTS, surgida ante la incertidumbre sobre la realización de sus conciertos en Chile, volvió a visibilizar la fuerza que han adquirido en el país las comunidades vinculadas a las culturas japonesa y coreana. El profesor Franco Casoni, especialista en literatura japonesa, y la profesora e investigadora Constanza Jorquera, especialista en cultura coreana, ambos del Centro de Lenguas y Culturas del Mundo de la Universidad de Chile, explican cómo este fenómeno ha evolucionado durante décadas y hoy trasciende el entretenimiento.

Las industrias culturales provenientes de Japón y Corea del Sur han transformado la manera en que las nuevas generaciones se acercan a Asia. Lo que comenzó para muchas personas como un primer contacto a través del anime, los videojuegos o la música hoy se expresa en conciertos masivos, espacios de encuentro, aprendizaje de idiomas y cursos universitarios dedicados al estudio de estas expresiones culturales.

Desde el Centro de Lenguas y Culturas del Mundo de la Universidad de Chile, perteneciente a la Facultad de Filosofía y Humanidades, el profesor Franco Casoni, especialista en literatura japonesa, arte y cultura popular, y la profesora Constanza Jorquera, investigadora en estudios internacionales y cultura coreana, analizan cómo las expresiones culturales provenientes de Japón y Corea han trascendido el ámbito del entretenimiento para convertirse en una puerta de entrada al conocimiento de otras sociedades, la construcción de identidades y la formación de comunidades.

Casoni es docente del curso “Literatura japonesa moderna y contemporánea”, mientras que Jorquera imparte el curso “Literatura coreana contemporánea: reflexiones sobre la sociedad coreana desde la voz de las escritoras”.

De ser un interés de nicho a un fenómeno cultural

Aunque hoy el K-pop y los dramas coreanos ocupan un lugar cada vez más visible, el interés por las culturas japonesa y coreana en Chile comenzó mucho antes de la aparición de las plataformas digitales. Para Franco Casoni, el primer acercamiento de muchas personas ocurrió a través de la televisión abierta, donde el anime se convirtió en una ventana hacia un mundo hasta entonces desconocido.

“La tele cumplió quizás ese rol como de compañía (…) antes era como el internet”, comenta el especialista, recordando cómo esas series despertaron la curiosidad de miles de niños y jóvenes por conocer más sobre Japón.

Con el paso de los años, ese interés creció gracias a internet y al trabajo de las propias comunidades de seguidores. Conseguir mangas, música o videojuegos no era sencillo y, muchas veces, dependía del intercambio entre fanáticos. “La piratería fue quizás la forma que uno tenía de acceder”, recuerda Casoni, quien explica que durante años fueron los propios seguidores quienes tradujeron contenidos, compartieron material y mantuvieron vivo el interés por estas culturas.

La profesora e investigadora Constanza Jorquera explica que un proceso similar ocurrió con la cultura coreana. A su juicio, el crecimiento del K-pop y de la llamada Hallyu, también conocida como “ola coreana”, lleva años consolidándose en Chile; sin embargo, recientemente ha adquirido mayor visibilidad entre el público general.

La movilización de seguidores de BTS en Chile, surgida ante la incertidumbre en torno a la realización de los conciertos, finalmente autorizados, volvió a poner en evidencia el alcance que han adquirido en el país las comunidades vinculadas a la cultura coreana.

“Lo que me ha sorprendido del caso reciente de BTS es que el tema de la ola coreana y el K-pop lleva en Chile al menos 15 años”, afirma Jorquera. Para la investigadora, reducir este fenómeno únicamente a un grupo musical invisibiliza un proceso mucho más amplio, en el que la música convive con la literatura, las series, el cine, la gastronomía, el aprendizaje de idiomas y otras expresiones culturales que han fortalecido el interés por Corea y Japón en distintas generaciones de chilenos.

Del entretenimiento al conocimiento

Para ambos especialistas, uno de los cambios más relevantes es que estas expresiones culturales han dejado de entenderse únicamente como entretenimiento para transformarse en una forma de acercarse a la historia, la literatura y las transformaciones sociales de Japón y Corea. “Uno no tiene por qué saberse toda la historia de Corea o Japón para que algo le guste”, plantea Casoni.

Sin embargo, agrega que muchas veces ese primer interés termina despertando preguntas más profundas sobre otras formas de vivir, pensar y entender el mundo. En esa línea, el profesor explica que la literatura japonesa permite observar estas sociedades más allá de los estereotipos. “Salir un poco de estos clichés de ver estos países tan lejos y darse cuenta de que hay cosas que les pasan a ellos que también nos pasan a nosotros”, reflexiona.

Jorquera observa un fenómeno similar desde la literatura coreana. A través de su curso, explica, muchas personas llegan motivadas por el interés en la cultura popular, pero terminan profundizando en temas como la memoria histórica, las desigualdades sociales, el género y la política.

Además, sostiene que el éxito internacional de Corea del Sur también responde a una estrategia deliberada de proyección cultural. “Hay elementos muy fuertes de estrategia de política exterior y de inversión importante por parte del Estado coreano”, señala, aunque enfatiza que este proceso no habría sido posible sin el papel que desempeñaron durante años las comunidades de seguidores, mediante la difusión de contenidos y la creación de espacios de encuentro.

Precisamente, para la experta en Corea, uno de los cambios más significativos es la forma en que actualmente se construyen esas comunidades. “La gente no se agrupa necesariamente por el lugar donde vive o por su grupo etario, sino que se agrupa por intereses”, explica. Los fandoms o comunidades de seguidores se han convertido en espacios donde personas de distintas edades y trayectorias encuentran un sentido de pertenencia.

Este fenómeno también se refleja en las salas de clases. Ambos docentes coinciden en que, con los años, han recibido estudiantes cada vez más interesados y con mayores conocimientos previos sobre Japón y Corea. Para Casoni y Jorquera, este cambio demuestra que la influencia cultural japonesa y coreana en Chile dejó hace tiempo de ser un interés de nicho. Hoy constituye un fenómeno cultural consolidado que sigue abriendo nuevas formas de diálogo, aprendizaje e intercambio entre sociedades.