Educar en lo rural: una oportunidad estratégica para Chile


por Paulina Lobos
Presidenta Corporación de Desarrollo del Sur

Abril nos invita a poner el foco en la educación rural, una realidad que muchas veces queda fuera del centro de la discusión pública, pero que es clave para el desarrollo del país.

Chile es, en esencia, un país rural: cerca del 83% de su territorio corresponde a estas zonas y más de un 25% de la población vive en ellas (Ministerio de Educación, 2025). Sin embargo, solo un 7,7% de la matrícula escolar —alrededor de 281 mil estudiantes— pertenece a establecimientos rurales (Mineduc, 2023). Esta diferencia no es solo numérica; refleja una desigualdad estructural en el acceso a oportunidades.

La educación rural, además, enfrenta condiciones particulares. Más del 60% de sus establecimientos son escuelas multigrado, donde un mismo docente enseña a distintos niveles al mismo tiempo (INDAP–Mineduc, 2023). A esto se suma una brecha crítica en conectividad: cerca del 50% de los estudiantes rurales no cuenta con acceso a internet en sus hogares (Fundación 99, 2023).
Pero el dato más preocupante está en la trayectoria educativa. Mientras el 73,8% de la matrícula rural se concentra en educación básica, solo un 10,9% accede a enseñanza media (Centro de Estudios Mineduc, 2022). En paralelo, la exclusión escolar entre jóvenes de 14 a 17 años alcanza un 6,1%, casi el doble que en zonas urbanas (Mineduc, 2020).

En otras palabras, miles de jóvenes rurales ven limitadas sus oportunidades justo en la etapa donde se define su futuro. Y esta no es solo una brecha educacional: es una brecha de desarrollo para el país.

Frente a este escenario, la educación media técnico profesional —y en particular la especialidad agropecuaria— se vuelve clave. No solo porque conecta directamente con la vocación productiva del sur de Chile, sino porque permite proyectar a los jóvenes en sus propios territorios, con herramientas concretas para integrarse al mundo laboral o emprender.

Desde la Corporación de Desarrollo del Sur hemos impulsado un trabajo colaborativo entre liceos técnico-profesionales, empresas del sector silvoagropecuario y actores públicos, con el objetivo de cerrar esta brecha. Vincular la formación con el mundo real, actualizar contenidos y generar trayectorias pertinentes no es solo una mejora educativa: es una inversión en capital humano.

El desafío, sin embargo, es mayor. Requiere avanzar hacia una formación que incorpore innovación, nuevas tecnologías y una mirada de largo plazo. Chile no puede seguir entendiendo la educación rural como un sistema periférico. Es, en realidad, un eje estratégico para el desarrollo equilibrado del país.

Porque educar en lo rural no es compensar carencias. Es proyectar el potencial de un territorio que tiene mucho que aportar.
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