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La Dalca: la ingeniosa embarcación de los Chonos

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Dalca conservada en el Museo de Estocolmo (Suecia).


Los chonos, antiguos habitantes de Chiloé y de los archipiélagos septentrionales de la Patagonia, fueron hábiles navegantes que desarrollaron una embarcación singular: la dalca. Fabricada con solo tres tablas cosidas entre sí, esta piragua despertó la admiración de los europeos por su audaz construcción y su extraordinario rendimiento en aguas australes. El cronista jesuita Diego de Rosales, en su Historia del Reyno de Chile, la describe como una nave sin parangón en todo el mar del sur, desde California hasta el estrecho de Magallanes.

El término dalca proviene del mapudungun y designa una embarcación tradicional utilizada para el balseo y el transporte en ríos, lagos y canales. Un ejemplo claro es el topónimo Dalcahue, en la isla de Chiloé, que deriva del mapudungun dalkawe —compuesto por dalka («dalca») y el sufijo we («lugar de»)—, por lo que su significado literal es «lugar de dalcas». Lamentablemente, no ha quedado registro del nombre que los propios chonos daban a esta nave en su lengua original, hoy perdida.

La dalca se construía curvando las tablas al fuego y cosiéndolas con soguillas de culeu, una fibra obtenida de la corteza de la caña brava. Para impermeabilizarla, se calafateaba con hojas de fiaca o mepoa, plantas de consistencia viscosa que sellaban eficazmente las junturas. Con una capacidad de carga de hasta doscientos quintales, era tripulada por un timonel y entre ocho y diez remeros, y se movía con una agilidad sorprendente.

Su principal virtud residía en su ligereza y maniobrabilidad: se deslizaba sobre las olas más encrespadas sin volcar, mientras que las embarcaciones europeas naufragaban en aquellos tempestuosos golfos. Además, era desmontable: los chonos podían desarmarla para continuar a pie por tierra firme y volver a armarla cuando retomaban la ruta marítima, lo que les otorgaba una flexibilidad inigualable para su modo de vida nómada.

Tal fue la eficacia de su diseño que la técnica de construcción fue transmitida al pueblo Mapuche Williche de Chiloé, y de estos, a los españoles, quienes, reconociendo su superioridad, adoptaron la dalca y descartaron sus propias naves para navegar en esos territorios. Incluso introdujeron algunas mejoras, pero mantuvieron la esencia de un diseño que siglos de experiencia habían perfeccionado.

Grupo Kaweshkar navegando en una dalca (1895)

Reconstrucción de Dalca

Detalle de costuras

Perfil y corte frontal de una dalca


Testimonios materiales de su existencia

Buena parte de lo que sabemos sobre estas embarcaciones proviene de crónicas y relatos, pero también existen valiosos vestigios arqueológicos. El más emblemático se conserva en el Museo Etnográfico de Estocolmo: una dalca completa que fue llevada a Suecia en 1907 por el botánico y naturalista Carl Skottsberg, tras una expedición científica por la Patagonia. Se trata del único ejemplar conocido que permanece ensamblado en su totalidad.

En Chile, el Museo Histórico de Puerto Montt «Juan Pablo II» (ubicado en el terminal de buses) exhibe importantes restos arqueológicos de una dalca, cuyos fragmentos de tablones cosidos tienen una datación de aproximadamente 460 ± 30 años antes del presente (A.P.).

Estos restos fueron descubiertos en el verano de 1999 en la playa del lago Chapo, sector Canutillar, a unos 43 kilómetros de la ciudad. El hallazgo fue posible gracias a una inusual bajante del nivel del agua, provocada por la construcción de la Central Hidroeléctrica Canutillar, que dejó al descubierto estos vestigios sumergidos durante siglos.

Fragmentos de dalca

Detalle de fragmento de dalca con orificios para costura