martes, febrero 17, 2026

El cierre de Chilolac: una señal que no podemos ignorar


Por Eduardo Schwerter, Presidente de Agrollanquihue

El cierre de la planta Chilolac en Ancud, tras más de cinco décadas de funcionamiento, es una noticia que lamentamos profundamente. No solo por el impacto que genera en los trabajadores y proveedores, sino porque constituye una señal preocupante para el desarrollo productivo del sur del país y, en particular, para el futuro de la lechería en Chiloé.

Pero más allá de la contingencia, este cierre resulta especialmente difícil en un momento en que como país estamos trabajando por aumentar la producción de leche. Este desafío requiere no solo más producción primaria, sino también un mayor número de plantas procesadoras dispuestas a crecer tanto en el mercado nacional como en el internacional.

Chiloé tiene las condiciones naturales, humanas y productivas necesarias para ser una zona relevante. La lechería ha demostrado ser un motor de desarrollo, generando empleo y valor. Además, en un horizonte cercano, con la concreción del puente sobre el Canal de Chacao, la isla quedará mucho más conectada al continente, lo que abre nuevas oportunidades logísticas y comerciales.
En los últimos años hemos visto cómo los sistemas productivos lecheros se han ido desplazando progresivamente hacia el sur. En ese contexto, es fundamental no cerrar espacios a lugares con potencial como Chiloé. Al contrario, debemos generar condiciones para que se desarrollen, inviertan y crezcan.

En paralelo y en el corto plazo, es urgente avanzar en soluciones concretas para los productores lecheros de Chilolac afectados, que hoy registran una delicada situación financiera producto del no pago de su venta de leche de gran parte del año 2025, lo que su vez, se ha traducido en una serie de incumplimientos de pago a distintos distribuidores de insumos en la cadena de valor. Es imperioso que se pueda acelerar el proceso de pago, el que se ha vuelto lento y engorroso, sin resultados satisfactorios a la fecha. Resolver esta situación es clave para evitar un mayor deterioro de la economía local.

Este momento exige mucho más que declaraciones: requiere una coordinación público-privada efectiva y un compromiso concreto, tanto de las autoridades locales, regionales y nacionales. Se necesita una visión de largo plazo y señales claras, firmes e inmediatas de que el sur de Chile es y seguirá siendo estratégico para la producción de alimentos del país.

La lechería no es solo una actividad productiva; es parte de nuestra historia, genera empleo, dinamiza la economía local y proyecta futuro. Pero ese futuro no está garantizado. Depende de decisiones oportunas que resguarden la libre competencia, fortalezcan la capacidad de industrialización en las regiones y entreguen certezas reales a quienes, todos los días, producen en el campo.

Si aspiramos a aumentar la producción nacional de leche, debemos asegurar que existan condiciones reales, tanto para producirla en nuestros campos, como para procesarla en nuestras industrias. El crecimiento del sector no se construye cerrando espacios, sino generando oportunidades reales para que más productores puedan seguir aportando al desarrollo del sur de Chile.