miércoles, diciembre 29, 2010

Qué necesitamos para comenzar un nuevo año


por Niksa Cottenie
Directora Psicología
Universidad San Sebastián


Popularmente existen muchos rituales asociados al inicio de año: comer lentejas, uvas, los anillos en las copas, subir escaleras, etc. Todos ellos los utilizamos como estrategias para augurarnos un año próspero y alejar las cosas negativas… si aplicamos la razón, sabemos que ello no basta y que un nuevo año, es en definitiva un cheque en blanco…

Para iniciar este 2011, hay que considerar que existen hechos que no podremos evitar ni anticipar, no obstante, existe un espacio que sí puede estar bajo nuestro control. Partiendo de esa base: ¿qué podemos hacer con este rango de maniobrabilidad que nos deja la vida?

Una sugerencia práctica es comenzar por analizar y evaluar lo acontecido en el año que culmina. Si bien es cierto podemos efectuar este proceso en forma individual, pero ello es mucho más potente cuando nos darnos ese espacio en familia, no sólo para disfrutar de la buena mesa, sino para evaluar las decisiones tomadas y acciones efectuadas, siendo críticos en forma constructiva de nuestro proceder, con la única finalidad de aprender de lo vivido. Tras esta reflexión, cabe el proyectarnos en conjunto: qué anhela cada miembro de la familia en lo personal y qué deseamos en conjunto. De hecho, el compartir nuestras metas, temores y deseos nos ayuda a sintonizar nuestras expectativas y generar compromisos de apoyo recíproco, siendo nuestros vínculos cercanos pilares sobre los cuales se sustentan nuestros proyectos.

En general, al hablar de proyectos para el nuevo año se debe considerar en primer lugar que ellos sean realistas, vale decir, que se vean factibles dentro de nuestras posibilidades y recursos. De nada vale colocarnos metas inalcanzables, pues ellas sólo nos provocarán frustración. Consistente con ello, nuestros propósitos, deben estar vinculados a logros que está en nosotros poder cumplir. Por ello, es importante definir claramente lo que se desea lograr, fijándose objetivos concretos, construyendo una visión de futuro y de los recursos que se poseen para lograr las propuestas. Además, es necesario desarrollar cierta tolerancia al fracaso de nuestras expectativas, pues sería iluso pensar que las cosas resultarán tal cual las planificamos. Aquí es importante considerar que cada fracaso, es una lección, debiendo estar abiertos y atentos a las señales de retroalimentación que recibimos, ya que nos permiten rectificar el rumbo y corregir los errores cometidos en forma oportuna.

En definitiva, un nuevo año, es una oportunidad para mejorar la vida, siempre podemos escoger entre vivir la vida manteniendo nuestras opciones estables y seguras o impulsarnos a efectuar cambios y giros antes impensados para convertir nuestras vidas en lo que deseamos. La opción es personal y la responsabilidad de ello intransferible.